El ferrocarril fue el vehículo de la modernidad capitalista en México. Durante la última década de la dictadura de Porfirio Díaz, el Sistema Ferroviario del Istmo de Tehuantepec causó una serie de resistencias y reordenamientos territoriales. Si bien después fue utilizado por los revolucionarios (Zapata reventó la entrada de la hacienda de Chinameca con una locomotora), los ferrocarriles integraron a las comunidades a la lógica de producción y del tiempo esclavizantes.

Más de un siglo después, la lógica detrás de la promoción del ferrocarril se redita en México, así como las resistencias que aquella genera. Durante el Foro en defensa de la Madre Tierra y el territorio, convocado por el Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el caracol Jacinto Canek, de Chiapas, durante los pasados 21 y 22 de diciembre, más de 486 delegados de diversos pueblos indígenas expusieron la profundización del despojo por parte del gobierno progresista actual, vía sus megaproyectos de infraestructura: el Tren Maya y el Corredor Transístmico.

Los pueblos indígenas de todo el país, reunidos en territorio rebelde, calificaron a la llamada Cuarta Transformación (4T) como un vagón más dentro del tren de las etapas de aniquilación y despojo históricas que enfrentan. De acuerdo con el análisis de los pueblos del CNI, los proyectos en la península de Yucatán y el sureste apuntalan la integración de los territorios con mayor población indígena a la red de insfraestructuras prexistentes en México, con la intención de colonizar lo que todavía no es saqueado y exterminar las formas de vida y cultura no rentables.

En particular, el Transístmico sería parte de una estrategia geopolítica del trumpismo estadunidense. Parques industriales, maquiladores, zona franca, autopistas, y proyectos aledaños fungen, como lo ha confesado el actual gobierno mexicano, una valla de contención de la población; ya no en el Río Bravo, sino en la parte más delgada de México para que fluyan los productos y se detenga el movimiento poblacional, administrándolo.

Así como en los anteriores sexenios el modo de imponer proyectos fue la compra de comuneros, suplantación de autoridades locales, cooptación, compra y división de asambleas, en la 4T la imposición comienza mediante consultas a modoque no llegan a los pueblostramposas. En diversas participaciones, el nuevo régimen fue acusado de acarrear a los beneficiarios de programas como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro para que voten en favor en las consultas.

Para varios pueblos, el tren el progreso es (en voz de los comuneros de Jalisco), va más allá de un proyecto electoral. Los megaproyectos son la redición de anteriores planes de infraestructura, diseñados por paquetes, con nueva cara y definidos regionalmente. El Tren Maya, por ejemplo, se vale de la explotación de la cultura de los pueblos de la península, comenzando por el nombre, y culminaría el modelo de turismo depredador inaugurado con la ciudad de Cancún, la cual cumplirá medio siglo en 2020. Las comunidades mayas de Carrillo Puerto resumen la operación colonial de décadas rematadas por el tren obradorista así: apagan la voz maya, matan la ceremonia y la reviven para el turista que lo puede pagar. En este Tren de Castas, los mayas del CNI denuncian que ocuparán el lugar de la servidumbre, mientras crece el cártel inmobiliario y de la droga, mueren sus abejas, se dispersa el veneno agroindustrial y transgénicos en un proceso cada vez más acelerado.

 

Los opositores a estos megaproyectos la tienen difícil, por un lado son cooptados: quienes antes defendían ahora aplauden el despojo, acusó el Consejo Tiyat Tlalli. Desde el comienzo de la 4T, el CNI tiene más de una decena de integrantes muertos, comenzando por Samir Flores en Amilcingo, Morelos, hasta el rapero popoluca Tío Bad, de Veracruz, todos opositores a megaproyectos.

Sin embargo, los pueblos originarios ligan ahora sus agravios y dolores particulares con un problema sistémico, un problema que, en gesto benjaminiano, están logrando frenar con su organización. Para descarrilar el tren de la muerte, decían los mayas de Quintana Roo, se encuentran reafirmando la vitalidad de los pueblos, la organización que antes dio vida al Concejo Indígena de Gobierno, la rearticulación del CNI, y que con la candidatura de María de Jesús Patricio puso las bases de este recio tejido de resistencias.

Los varios ejemplos de rondas comunitarias, desde Ostula y Cherán hasta la Montaña de Guerrero, y la creación de varios concejos comunitarios, el énfasis en el protagonismo de la lucha de las mujeres en sus comunidades, y la alianza con trabajadores y activistas urbanos, además de la forma de resistir que se viene, abajo, como hormigas, perfila la velocidad y la manera de caminar de los pueblos indígenas de México. Casi al comenzar el foro, un joven integrante de la Asamblea de Pueblos del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio, dijo: si la 4T viaja en tren (el lema del gobierno), echaremos abajo la estación (como dice la canción del grupo punk peruano Los Saicos).

Esta vez, el desmoronamiento de esta estación del capital no será estrepitosa, como la velocidad de una máquina, sino constante e imperceptible como el paso de un caracol.

 

Publicado el 28 de diciembre de 2019

https://www.jornada.com.mx/2019/12/28/opinion/011a2pol

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